Sunday, February 11, 2007

Una madre que murió de sed

Deolinda Correa nació en la provincia de San Juan, en el oeste de la Argentina.

Hija de un caballero de renombre en la sociedad local, con contactos políticos y buen pasar económico, se dice que Deolinda era una joven bella y codiciada por los hombres de la época.

La Difunta, a quien se representa con su hijo sobre el pecho, está enterrada en VallecitoEl afortunado que la convirtió en esposa fue Baudilio Bustos, criador de caballos y caudillo comprometido con la lucha regional.

Corría 1840 y la guerra civil estaba en su apogeo. Unitarios y federales se disputaban con sangre el terreno fértil al pie de los Andes, que hoy es tierra de olivos y viñedos.

Eran tiempos turbulentos. Bien lo sabía Deolinda cuando le informaron que a su marido, enfermo y débil, se lo había llevado por la fuerza la montonera del caudillo Facundo Quiroga, rumbo a la vecina provincia de La Rioja.

La esposa fiel no dudó un instante: cargó a su hijo en brazos y se echó a andar, tras los pasos de los captores de su esposo. Para rescatarlo, o cuanto menos para traerse a casa el cadáver y darle digna sepultura.

En la escalera que sube al cerro, los camioneros dejan las placas de sus veh�culos como ofrendaPero la geografía feroz del desierto sanjuanino habría de jugarle una mala pasada.

Caminando por Vallecito, en tierra árida y desolada, Deolinda encontró la muerte. Sedienta y sin fuerzas, la mujer se rindió en la cima de un pequeño cerro. Dicen que murió abrazada a su hijo.

Días después, allí la encontraron unos arrieros, alertados por las aves de carroña que sobrevolaban la zona.

Y allí comenzó a escribirse la leyenda sobre la que se sustenta la fama de santidad de la Difunta: según los relatos, al niño lo encontraron vivo, amamantándose de los pechos de la madre fallecida.

Una tumba sin nombre

Los campesinos la enterraron allí mismo. Tan pronto se difundió la historia del milagro, los peregrinos comenzaron a llegar hasta la cruz humilde y sin nombre, a pedirle favores al alma de la Difunta.

Fotos y cartas con pedidos y agradecimientos de los devotos que peregrinan hasta el santuarioEn 1890 tiene lugar el primer milagro del que se tiene registro. Un tal Flavio Ceballos, llevando una tropa de 500 caballos hacia Chile, se vio sorprendido por una tormenta.

No sabía quién estaba enterrado en ese paraje desolado, pero rezó a la cruz para pedirle al difunto desconocido que el temporal no le espantara sus animales. A la mañana siguiente, los contó. No faltaba ni uno.

Agradecido, el hombre prometió construirle una gruta al alma milagrosa de Vallecito, que fue el primer paso hacia el gran santuario que se erige hoy en el lugar.

Con donativos de los devotos, en 1960 comenzó a tomar forma el complejo, que recibe cientos de miles de peregrinos al año, sobre todo para las celebraciones de Semana Santa.

Fuente: BBCMUNDO.com

La Difunta Correa


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