Monday, December 15, 2008

El hombre invisible que salva arte

Autorretrato de Rembrandt
Fue Wittman quien rescató este autorretrato de Rembrandt.
En total, somos un centenar personas las que atiborramos un restaurante en Upper Holemsburg, Filadelfia, entre ellas, expertos en arte, curadores, jefes de seguridad de museos y una falange de agentes del FBI con pistolas Glocks de 9 mm ocultas bajo sus trajes.

Nos reunimos para despedir a un hombre del cual pocos han oído hablar y aún menos podrían reconocer o describir.

Así es como el Agente Especial Robert "Bob" Wittman prefiere que sea.

Por cerca de dos décadas, usualmente posando de comerciante de arte corrupto y vinculado con la mafia italiana o los carteles de droga colombianos, ha dirigido emboscadas secretas, engatusando a delincuentes para que le vendan obras de arte robadas.

Proteger su identidad es cosa de vida o muerte.

En una de las operaciones tuvo que colgarse una joya de las artes plásticas del pecho cuando estaba en un baño de un hotel en Copenhagen, pues un equipo danés de ataque de armas especiales irrumpió en la habitación para arrestar a un matón iraquí, Baha Kadhoum, que le estaba tratando de vender un autorretrato de Rembrandt de 1630.

Museo Nacional de Suecia
Kadhoum y su pandilla tiraron clavos al frente del museo antes de irse.
Pintado en cobre, del tamaño de un libro de pasta blanda y con un valor de decenas de millones de dólares, había sido robado del Museo Nacional de Suecia en uno de los atracos más audaces de arte de la era moderna.

La sede del museo es un palacio del Renacimiento ubicado en la punta de una península, rodeado totalmente de agua.

Mientras familias se paseaban por los mercados navideños de Estocolmo y patinaban en los helados lagos, Kadhoum y su pandilla le prendieron fuego a un vehículo para bloquear el acceso al único camino.

Cubiertos con máscaras de esquiar y blandiendo revólveres, asaltaron el edificio, cortaron el autorretrato de Rembrandt y dos Renoir de la pared, y se escaparon en un bote rápido.

Agente solitario

El robo de obras de arte es un gran negocio. Se estima que produce entre US$1.500 y US$6.000 millones anualmente y representa el cuarto delito internacional por su tamaño, después del narcotráfico, del tráfico de armas y del lavado de dinero.

Además, es una industria completamente globalizada. Pinturas robadas en Europa aparecen en Japón o en Estados Unidos.

Son fáciles de transportar y difíciles de identificar. Si un agente de aduana reta a un ladrón, éste siempre puede decir que es una réplica que compró en un mercado de pulgas para su esposa.

Y hasta ahora, ningún perro está entrenado para olfatear en busca de obras maestras de la pintura clásica.

Bob Wittman ha estado en el frente de esta guerra contra el robo de arte desde 1989.

ACT
El equipo que ahora hace lo que Wittman cuenta con 12 agentes.
En su distinguida carrera, ha recuperado obras robadas valiosísimas en más de una decena de países.

Pinturas de Rembrandt, Goya, Brughel y Rothko, el tocado de guerra con plumas de águila del jefe apache Gerónimo y un pedazo de oro sólido de una armadura inca son apenas algunos de sus trofeos.

Una de sus últimas misiones fue investigar los lazos entre la venta de arte saqueado de Irak y Afganistán y los extremistas islámicos.

Durante la mayor parte de su carrera, operaba solo. Hoy en día, el equipo contra el robo de arte del FBI cuenta con 12 agentes desplegados en distintos lugares de EE.UU. En el Reino Unido, Scotland Yard tiene a cuatro detectives dedicados al asunto mientras que Francia tiene 30.

Y no es sorprendente, dado lo vasto de su patrimonio cultural, que Italia haga alarde de su equipo: 300 Caravineris cazadores de arte, que incluyen agentes que utilizan helicópteros para patrullar la miríada de sitios arqueológicos del país.

Un tipo cualquiera

Como un espía, el trabajo de Wittman consiste en hacer amigos y traicionarlos.

Figura
Físicamente, al igual que un espía, Wittman tiene que ser fácil de olvidar.
La astucia de un zorro, los nervios de hierro, el arte de la seducción y la habilidad de fingir convincentemente ser quien no se es son características esenciales.

Eso, además de tener un físico que no llame la atención: un rostro fácil de olvidar -sin cicatrices ni orejas de luchador-, estatura y peso promedio.

Cuando está en una habitación llena de gente, debe desaparecer en el paisaje, como una iguana en la rama de un árbol.

Ahora, a los 53 años de edad, el rey de las emboscadas decidió entregar su insignia de plata y su pistola para dedicarse a escribir un libro y pasar más tiempo con su esposa y tres hijos.

Pero aunque se retira, no permite que le tomen fotos.

Su nueva profesión será asesor privado de seguridad de arte, así que quizás tenga que seguir viviendo parte de su vida en secreto.

Además, hay demasiados delincuentes a los que les fascinaría descubrir la verdadera identidad del mentiroso que los metió tras las rejas.

"Se trata de salvar la propiedad cultural de la humanidad", me dice Wittman, cuando le pregunto por qué escogió un trabajo tan peligroso.

"En cada país hay una herencia cultural distinta y salvar estas obras nos acerca como humanos. Cuando se trata de arte, es visceral: nos afecta de una manera profundamente emocional".

Fuente: BBC Mundo.com

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