Monday, December 22, 2008

El regreso de Hijitus

Manuel García Ferré, a los 80 años, revivió en DVD al personaje que acompañó la infancia de muchos argentinos
Fueron 52 capítulos de un minuto, desde 1967, que cada día, en cinco horarios distintos, se emitían por Canal 13 y culminaban a fin de mes. Eso ocurrió a lo largo de siete años y los episodios se repitieron durante muchos años más. Es decir, acompañaron la niñez de muchos. Por eso, hoy, sobre todo los que pasan los treinta y los cuarenta, no necesitan demasiado esfuerzo para recordar cada una de esas historias que involucraban a personajes tan extraños como carismáticos, en aventuras que los llevaban a conocer a otros seres tan extraños y carismáticos como ellos. Todos ellos, creados por el Walt Disney local ?aunque en realidad nació en Almería, España?: Manuel García Ferré. Y en su producción no están sólo Hijitus y Larguirucho, sino largometrajes, programas infantiles, cortos educativos y publicaciones que acompañaron el crecimiento y la evolución cultural de miles de chicos que hoy son adultos: El libro gordo de Petete y la revista Anteojito. Hace tres semanas, Leader Music lanzó, por primera vez, la colección completa de Las aventuras de Hijitus: dos packs de cinco DVD cada uno.

En las gigantescas oficinas-estudios donde, durante muchos años, se editaron revistas y se crearon películas y programas de televisión, Manuel García Ferré recibió a La Nacion, con la humildad de los sabios y la felicidad del regreso.

-¿Este regreso estaba planeado o fue casualidad?

-Es lindo reencontrarse con un personaje y con el público. Siempre he pensado que Las aventuras de Hijitus es un material constante, que tiene vida y una vigencia permanente porque los móviles de cada uno de los personajes no son de una época o de un estilo, sino que son humanos, trascienden. Son una fantasía que resisten la moda y el tiempo.

-¿Cómo describiría a Hijitus?

-Es tierno, simple y adquiere superpoderes cuando hay una injusticia. Mi planteo era contra qué lucharía Hijitus. Así fue que inventé a Neurus, que era un cúmulo de prepotencia, soberbia y ambición desmedida. Luego inventé a sus colaterales ?Larguirucho, Serrucho y Pucho?, una trilogía de ratones. Eso también derivó a crearle un Pichichus a Hijitus. Era su vanguardia, que rastreaba y le llevaba la información a su amo.

-El nexo entre el villano y el héroe era Larguirucho, ese tonto que no distinguía entre el bien y el mal?

-Es el personaje acomodaticio a las situaciones, tan común en la vida real. Larguirucho tomó una fuerza muy especial, sobre todo en los adultos. Por ejemplo, le dice refranes a Neurus. Se pone en doctor, cuando no tiene autoridad moral.

-Hay una doble lectura social en varias de sus creaciones. ¿Eso es deliberado o espontáneo?

-En parte es deliberado. Los medios masivos, tanto de impresión como de televisión o radio, dedicados al mundo infantil, deben tener un autocontrol de parte del autor, que debe transmitir buen gusto, enseñar una cierta moral y huir de las cosas que tienen mal equilibrio. El chico está en una etapa de formación. Si la TV lo llena de imágenes falsas o de violencia, eso se fomenta. Los que nos dedicamos a productos infantiles tenemos una enorme responsabilidad además de entretener, porque nuestros productos pueden ser formativos de la personalidad de varias generaciones.

-¿Cómo aparece esta idea de romper con los cánones tradicionales y crear, por ejemplo, un bebe que es una oveja descarriada?

-Oaki es un reflejo real: es el chico malcriado que cree que todo es fácil y sencillo porque los padres le dan todos los gustos. Cuando se ve demasiado controlado por Gutiérrez, el mayordomo, se hace amigo de Larguirucho. ¿Por qué? Porque lo que le falta a Oaki es calle y Larguirucho tiene mucha.

-Encima si lo agarra un semiólogo se hace una panzada, porque Oaki, además, no tiene pies? o no se le ven?

-La forma de caminar es un recuerdo de cuando yo era chico, en España. Por aquel entonces, todavía existía la costumbre de envolver a los chicos en un pañal. De ahí se me ocurrió la idea de dejarlo envuelto en esa especie de pañal largo y de que caminara como un gusanito. Esa forma de andar producía gracia.

-En las series televisivas se volvió al trazo simple? Las chicas superpoderosas o los dibujos de Gendy Tartakowsky parecen que hubieran tomado a los suyos de modelo.

-Hacer síntesis es mucho más difícil que hacer una cosa compleja que, a su vez, podría presentar muchas falencias. Sin embargo, una caricatura bien hecha con cuatro rasgos es muy difícil de lograr, porque llegar a expresar sentimientos en dos o tres líneas es como lograr las grandes melodías, que siempre son las notas más básicas y más elementales. Creo en lo sencillo porque es lo que mejor transmite.

-¿Hijitus era un chico de la calle?

-Diría más bien que es un sentimiento que toma forma. Es el sentimiento del chico solo, que está un poco abandonado, aunque se las rebusca para sobrevivir, pero a través de la bondad. En su sueño, logra inventar que, a través de su sombrero, se transforma en súper. En el fondo es una ilusión.

-¿Sufrió cuando tuvo que cerrar la revista Anteojito?

-Mucho. Llegamos a tirar 300.000 ejemplares. Estuvo en la calle hasta 2001. Vivió 37 años ininterrumpidos.

-¿Fue por una cuestión económica?

-Sí. Tenía un equipo de cerca de 100 personas entre redactores, dibujantes, fotógrafos y correctores. La revista ya había caído porque se venía la crisis de 2000-2001? Pasamos de los 120.000 ejemplares a 30.000. Con eso no cubría los costos enormes de producción y me vi obligado a cerrarla. Ahora es el momento de empezar de nuevo.

El mito del pararrayos

Sus películas (Mil intentos y un invento; Petete y Trapito; Ico, el caballito valiente; Manuelita y Corazón, las aventuras de Pantriste) a menudo parten de cuentos infantiles escritos por él. Es un amante de la metáfora y de la entrelínea, les dio alma a espantapájaros, buzones, bancos de plaza, barriles, verduras y pararrayos. "Cuando llegué a Buenos Aires, en 1947, caminaba por la Avenida de Mayo, miraba las torres y pensaba qué triste tiene que sentirse un pararrayos ahí solito, siendo sólo un hierro. Entonces, ahí se me ocurrió el cuento y la base sobre la que construí Mil intentos y un invento. En ella, Anteojito abandona al tío Antifaz porque tiene éxito como cantante. Un día después de una función se sienta en un banco de plaza, que le dice: «Anteojito, no estés triste porque te está ocurriendo lo mismo que a aquel pararrayos. Es el hierro más alto de la ciudad, pero el que más solo se siente, porque él ve a todos los demás, pero nadie puede llegar hasta él». Entonces, el subir demasiado es muy peligroso."

Desde 1955 hizo más de 800 comerciales. Un día pensó que si todos los diarios del mundo tienen historietas con continuidad de tres o cuatro cuadritos, por qué la televisión no podría tener una. A Goar Mestre le fascinó la idea para Canal 13 y así comenzaron Las aventuras de Hijitus.

-¿Lo conmueve el reconocimiento?

-Produce alegría darse cuenta de que no pasó al olvido lo que hice. Sobre todo que sembró sentimientos y una cierta línea de conducta, buenos modales y educación, que fue lo que más me preocupó.

-Una objeción: ¿por qué Oaki, un bebe, tenía armas?

-[Sonríe tímido] Bueno? Psé, psé? Hoy en día, con la violencia que hay, no hubiera hecho eso. Pero en ese momento no existía la psicosis de violencia urbana. Le di dos pistolas a Oaki porque significaba el capricho llevado al máximo. Nunca apuntó a nada, eran tiros al aire. El defecto que le veo a Las aventuras de Hijitus es ése, lo admito.

Fuente: La Nacion.com

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