Monday, December 29, 2008

Un ratoncito de película

El Ratón Pérez 2. Esta semana se estrenará la segunda parte del éxito animado local, que vieron más de un millón de espectadores
Ni Fievel ni Remy ni Despereaux. La Argentina tiene su propio roedor animado y, aunque su apellido es bastante común, tiene dotes extraordinarias. El primer día de 2009 se estrenará El ratón Pérez 2, una coproducción argentino-española realizada por Patagonik, Filmax Animation y Castelao Productions, distribuida por Buena Vista International.

En 2006, más de un millón de espectadores asistieron a las salas locales para ver esta historia que combina imágenes reales con personajes animados en 3D. Pero en España, el fenómeno fue mayor aún. Allí, casi un millón y medio de personas vieron el largometraje del ratón que obtiene dientes de leche a cambio de dinero. Además, esta primera parte se alzó con el premio Goya a la mejor película animada. Por entonces, la estrategia de los realizadores era penetrar en América latina y por eso el director de la primera parte, Juan Pablo Buscarini, convocó a la actriz colombiana de Yo soy Betty, la fea , Ana María Orozco.

Apenas un mes después del estreno de la película en la Argentina, Andrés Schaer, quien había trabajado en la parte creativa de la productora, recibió la propuesta de comandar esta secuela. El joven director, aunque no había incursionado en la animación, se valió de su experiencia en el ámbito publicitario y documental: fue el encargado de traducir en imágenes las ideas de Jorge Lanata en Deuda .

En 2009, la estrategia es otra y Schaer tiene a cuestas una gran responsabilidad. Además del aire panamericano que impregna la película (con la presencia de Lola, una ratoncita del Caribe), el villano es un actor español, Manuel Manquiña, conocido por sus trabajos en la pantalla chica. Aunque Claudia Fontán, Mathias Sandor, Camila Riveros, Javier Lorenzo, Edda Díaz y Alejandro Awada, como Peréz, hayan virado su acento hacia el neutro, los realizadores doblaron las voces argentinas al español peninsular y al gallego para ofrecer en los cines españoles. Además, posiblemente se realice otro doblaje en vasco.

Nuevos mundos

"Me gustó el mundo de fantasía que se representa, un lugar donde se mezcla la realidad con la magia", dice a LA NACION Schaer, quien se crió con films, como E.T. , Los Goonies , Los cazadores del arca perdida y Los G remlins. El director destaca que la animación es moneda corriente en muchas películas de este siglo, aunque sus realizadores sean reticentes a la hora de admitir que utilizaron aquella tecnología. "En este sentido, King Kong y El ratón Pérez 2 no difieren. El cine hoy cuenta con otras herramientas que permiten crear nuevos mundos y esta posibilidad es increíble."

Incluso en aquellos sitios construidos artificialmente, y habitados por seres digitales, el director encuentra belleza. "Me gusta el trabajo de Pixar, aunque su presupuesto y el nuestro esté a galaxias de distancia, porque sus historias tienen humor, pero no apuntan sólo al chiste físico. Hay sensibilidad y emoción en los personajes y en lo que cuentan." En esta coproducción, el presupuesto argentino rondó los cinco millones de pesos, mientras que la pata española de este producto se encargó de financiar la animación.

Padre de una nena de 4 años y un chiquito de poco más de un año, Schaer consideró a su hija como crítica y espectadora privilegiada durante el proceso del rodaje.

El primer desafío de esta apuesta fue el de dirigir a los actores interactuando con el vacío. El segundo, fue un reto de índole capilar. Dos años en tiempos en los que la tecnología evoluciona al ritmo de la velocidad de la luz, es mucho tiempo. Desde la primera película hasta hoy, el software que recrea los pelos de los ratones ha mejorado notablemente, aunque el proceso es más arduo.

Y el tiempo también pasó para Pérez. En esta secuela, el amiguito humano del protagonista es mayor que en la primera, entonces, cuestiona su existencia y su actividad. "El ratón le enseña que no todo se explica matemáticamente y que hay que creer en la magia. Aunque uno se vuelva adulto, debe conservar cierta fe", dice Schaer.

Fuente: La Nacion.com

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