Sunday, January 18, 2009

Un asombroso fenómeno de multitudes

Durante dos semanas, la competencia provocó una gran reacción en el país; la gente salió a la calle y a las rutas y hubo fiestas en ciudades patagónicas, cuyanas y pampeanas; las razones de una exigencia que causó impacto por su aceptación

Cuando las generaciones crecen en un país donde la unión parece ser una utopía, hechos que entrelazan sentimientos emocionan. Quizá sea meramente pasional, y hasta cueste encontrar una o varias razones que expliquen semejante resultado. En cada rincón de la Argentina por donde pasó el Dakar, el público salió en masa para recibir y ovacionar a los participantes, héroes de una competencia sobre la cual seguramente, en la mayoría de la población, no abundaba información y erigió su imagen mítica en Africa, con nombres y protagonistas que, por estas latitudes, no quedaron en la memoria colectiva, por el simple hecho de no ser una disciplina popular.

Pero la largada del 3 de enero en Buenos Aires, con las imágenes de la multitud que acompañó la salida de los raudos, transmitidas al mundo, marcó el inicio del furor por un acontecimiento que, quizá por su aura de misterio, de sacrificio, de coraje, de estoicismo, de esfuerzo y de dedicación, cautivó a todos. A los entendidos y a aquellos que ni siquiera diferenciaban un auto de competición de un coche de la organización de la carrera.

No importaba quien fuera. Sólo valía la intención de acercarse a los grandes valientes que durante dos semanas desafiaron los misterios de las dunas, de la llanura, del ripio, de la magnificencia de la montaña, para unir dos océanos que suelen estar más separados que lo que marca la mera geografía. Se trató de sobrevivir a una aventura que se asemeja a aquellos cuentos que acompañaron a quienes, de niños o adolescentes, comenzaban a descubrir el mundo y abrían su imaginación con historias de otros tiempos y lugares.

Aquí llegó el Dakar. Y tras la fantástica largada, con una convocatoria que envidian los políticos de mayor vuelo, el suceso se trasladó a Santa Rosa, La Pampa. Y otra vez multitudes, ciudades desbordadas por curiosos. La primera explicación fue que una ciudad que no suele contar asiduamente con espectáculos internacionales, padeció la llegada de ilustres visitantes.

Lo mismo sucedió en Puerto Madryn, y se buscó la justificación en el turismo. La ciudad patagónica, colmada de veraneantes, sucumbió ante un movimiento sin precedentes. Y así continuó la lista en cada escala de este Dakar, que visitó 10 provincias y que cruzó la Cordillera para realizar cuatro etapas del otro lado de los Andes.

El regreso fue apoteótico. Fiambalá vivió una jornada distinta en su historia. No exageran sus pobladores cuando confiesan que jamás allí se gozó de un día tan singular. Toda la ciudad en la calle para recibir y para palpitar una competencia que empezaba la vuelta a Buenos Aires.

Quizá las imágenes más conmovedoras se vivieron ayer. En la autopista que une Rosario con Buenos Aires, no se encontraba un hueco sin gente a la vera del camino. Casi 300 kilómetros de gente que agitaba banderas argentinas, que levantaba los puños, que gritaba, que mostraba su emoción y hasta se les veía lágrimas. En muchos lugares, en especial debajo de los puentes, quizá refugiados por una piadosa sombra frente a los penetrantes rayos solares y más de 37 grados, la gente se volcó a la ruta, donde quedaba habilitada nada más que una vía debido a la invasión. Durante la tarde, los pobladores de las ciudades cercanas a la autopista fueron a recibir a los héroes del Dakar. A demostrar el cariño, pero también la admiración. Y ese quizá sea uno de los principales motivos de ese fenómeno que sorprende hasta a sus mismos protagonistas: hacia los competidores se trasladó una imagen de valentía, de esfuerzo, de coraje, que el común de los mortales no es capaz de asumir. Ahí puede que se encuentre un secreto: la carrera encierra un aura de misterio y entrega que otras disciplinas no aportan o no eexpresan.

El Dakar visitó casi la mitad de las provincias argentinas, más una buena parte de Chile. Fue un mundial de deporte motor con visita a domicilio en nuestro país. Con un periplo que hizo escala en ciudades grandes, con el saludo inicial y la bienvenida en la Reina del Plata, y con desembarcos abrumadores en pequeños poblados, como Ingeniero Jacobacci, en Río Negro, o Fiambalá, en Catamarca. La gente recibió una carrera que se transmitió a más de 180 países, con una organización que en algunos casos empleó indirectamente a más gente que los pobladores de esas localidades.

¿Cómo en días explotó este fenómeno? Algunos lo atribuyen a las exageradas coberturas de las señales de canales de cables de noticias, que agotaron horas y horas con imágenes de presentación en el Obelisco y en La Rural. Justamente, en esos días que no había hechos de consideración periodística, el comienzo del Dakar fue carne de cañón por disputas de poder y de demostración entre empresas que pusieron todo el arsenal técnico y humano para mostrar una carrera que hasta unas horas antes no se conocía en detalle.

Ancianos, mujeres, niños, adolescentes, hombres de trabajo, todos ayer estuvieron a la vera de la autopista para aplaudir y ovacionar a quienes dominaron las dunas, los desiertos, las montañas, la llanura, la altura, la soledad?

En tiempos en los que la gente se agrupa para protestas, para mostrar desconfianza y descreimiento, cuando se unen para separarse, cuando hay disputas de por medio, el Dakar mostró otra imagen. Al margen de aquellas cuestiones que siembran controversias, en especial con los accidentes y con un hecho muy cuestionable, como fue la incomunicación interna de la organización en la muerte del francés Pascal Terry, hizo que la gente saliera a la calle a demostrar su fascinación, su admiración, su respeto por deportistas que, en su mayoría, no son famosos, ni reciben grandes sumas de dinero por contratos publicitarios. Muchos son amateurs, casi sin posibilidades económicas de inscribirse y pagar por ejemplo 15.000 euros, y otros se preparan durante todo el año para este compromiso.

En tiempos en que las convocatorias son valoradas porque la falta de credibilidad generalizada provoca la apatía colectiva, en que las celebraciones son sectoriales o partidarias y no aúnan detrás de un mismo objetivo, esta vez durante 14 días, la gente manifestó su alegría y respeto hacia los exponentes de una actividad que puede ser discutida, pero causó este fenómeno. El fenómeno Dakar.

* Robby Gordon, el mejor entre los extranjeros
En todas las etapas del Dakar, el piloto más aplaudido fue Robby Gordon, que condujo un espectacular Hummer negro. El norteamericano le dedicó mucho tiempo al público.

* Conferencia, premios y un paseo simbólico
Hoy, a las 9, en La Rural, la organización dará una conferencia de prensa y podría anunciar la sede del Dakar 2010. Luego se entregarán los premios y, al mediodía, las máquinas girarán en calles aledañas al predio.


Fuente: La Nacion.com

0 comentarios:

Blog Archive

RAM-MA-THA

  © Blogger template Newspaper III

Back to TOP