Monday, February 2, 2009

La crisis acorrala a los Gobiernos

El cataclismo económico provoca una oleada de protestas sociales en Europa - El paro y la desconfianza en los políticos alimentan el malestar popular

Bruselas / Madrid
Manifestantes frente a la policía durante la huelga general en París- AP

La crisis que azota sin tregua la economía mundial está alentando protestas sociales en toda Europa, desde Reikiavik hasta Sofía. Y los políticos empiezan a temblar. Las turbulencias financieras ya se han llevado por delante a los Gobiernos de Bélgica e Islandia, y empiezan a pasar la factura de la inestabilidad a otros países europeos, como Francia y Reino Unido, y especialmente al antiguo bloque comunista, donde se han visto algunas de las mayores movilizaciones de los últimos 20 años.

El desastre económico, que provoca una constante subida del paro y un deterioro de las condiciones de trabajo; la frustración de parte de la opinión pública, y la pérdida de confianza en los políticos alimentan las protestas, según los expertos. "La situación es preocupante y puede empeorar en los próximos meses", ha advertido el director gerente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn. La crisis amenaza con provocar protestas "casi en todas partes", ha añadido. Entre los países más vulnerables, dos de la UE: Letonia y Hungría.

Las economías de Europa occidental no están al margen. Se han registrado manifestaciones en Francia, con una huelga general la semana pasada, y protestas en Reino Unido, donde trabajadores de una veintena de plantas energéticas han exigido que no se contrate a extranjeros. Otros países como España, con el récord de paro de la Unión, e Irlanda, con las cuentas públicas destrozadas que pueden llevar el déficit al 13%, se enfrentan a serios desafíos políticos. Alemania, la mayor economía europea, sufre la peor recesión desde la II Guerra Mundial.

Hungría, Bulgaria, Grecia, Letonia, Lituania... han registrado protestas más o menos violentas. Los analistas explican que se trata de problemas internos que se agravan con la crisis económica internacional. "Cada país afronta una situación nacional diferente y no veo en el horizonte una gran catástrofe en términos políticos en Europa", afirma Jacek Kucharczyk, subdirector del Instituto de Asuntos Públicos de Varsovia. Pero si algo ha quedado claro en la reunión del Foro Económico Mundial, que ayer se clausuró en Davos (Suiza), es que la crisis amenaza con generar reacciones sociales violentas en todo el mundo y un resurgimiento del proteccionismo y el nacionalismo.

Evitar que se extienda el clima de revueltas populares y manifestaciones de protesta será uno de los principales objetivos de la cumbre de jefes de Estado o de Gobierno de la UE que se celebrará en marzo. "Lo que hemos hecho hasta ahora no es suficiente para recuperar la estabilidad del sistema financiero", señala una fuente comunitaria. "Los bancos siguen sin querer dar información y aún no sabemos los activos tóxicos que tienen", añade. En su opinión, "lo que está en juego no es una recesión del 2%, sino del 15% o 20%". "Los economistas no se atreven a decir hasta dónde llegará el caos", apostilla.

La mayor angustia deriva de la incesante cadena de anuncios de cierres patronales y expedientes de regulación de empleo que han elevado el número de parados en la UE hasta los 17,4 millones, 1,6 millones más que hace un año. Poul Nyrup Rasmussen, presidente del Partido de los Socialistas Europeos, ha manifestado: "Europa debería tomar nuevas y excepcionales medidas para evitar la pérdida de 3,5 millones de empleos previstos para este año". "La UE", añadió, "no puede permanecer pasiva y aceptar que el desempleo aumenta año tras año". La Organización Internacional del Trabajo ha pronosticado la pérdida de 51 millones de empleos en todo el mundo.

Las turbulencias económicas han dejado ya víctimas. El primer ministro belga, Yves Leterme, fue el primero en caer a consecuencia de la crisis de Fortis, el principal banco de su país. Su dimisión, el pasado 19 de diciembre, no se relacionó tanto con la crisis financiera, sino con la propia inestabilidad que ha marcado la vida política del país por la falta de entendimiento entre flamencos y valones. Pero Leterme tuvo que tirar la toalla ante las acusaciones de que su equipo había presionado a los jueces para que no paralizaran la venta de Fortis al grupo francés BNP, como pedían los pequeños accionistas.

El otro caído de la crisis ha sido el Gobierno islandés del conservador Geir H. Haarde, que no pudo resistir la presión ciudadana por el hundimiento de los bancos y la economía de su país, que este año caerá el 9,7%. Haarde presentó su dimisión hace una semana, acorralado por las protestas, algunas con lanzamientos de huevos. La resaca de la crisis podría llevar al país a ingresar a la Unión Europea. La incorporación podría producirse en 2011.

Reino Unido es, sin embargo, el más golpeado por la crisis, con unas previsiones de reducción de la actividad para este año del 2,8%, de las peores de la Unión. El primer ministro, Gordon Brown, que había recuperado popularidad el pasado otoño al haber liderado las medidas para salvar la banca de su país y la europea, ha vuelto a caer en desgracia al descubrirse nuevos descalabros bancarios. El sondeo de YouGov, publicado por Daily Telegraph, le daba siete puntos por debajo del líder conservador, David Cameron, en materia de competencia económica, cuando en otoño contaba con siete puntos de ventaja.

Las últimas medidas del Gobierno británico para salvar la industria del automóvil, especialmente la garantía de préstamos por valor de 2.500 millones de euros, han sido acogidas con absoluta frialdad por los ciudadanos. En general, las masivas ayudas a la banca con dinero público han creado un creciente malestar entre la población al comprobar que ni se recuperaba la economía ni el empleo, sino que se daba el dinero a los banqueros, los auténticos culpables de la crisis.

Francia vivió el pasado jueves una jornada con importantes manifestaciones, en las que participaron 2,5 millones de trabajadores, según los sindicatos, que la policía rebajó a un millón. La huelga general sólo tuvo un seguimiento significativo en el sector público y los transportes cumplieron los servicios mínimos. Aunque la impresión general es que el presidente francés, Nicolas Sarkozy, aguantó este primer tirón, también es cierto que la masiva protesta ha paralizado por el momento las reformas previstas por el Gobierno que rechazaban los trabajadores. Sarkozy dio a entender que había captado el mensaje y ofreció abrir conversaciones con sindicatos y empresarios.

Pero donde se han registrado las protestas más virulentas y las movilizaciones más masivas desde diciembre ha sido en Grecia. Un país, que aunque este año crecerá ligeramente, sufre una sangría endémica de sus recursos económicos y una gran desigualdad. Los 80 armadores más ricos poseen un patrimonio equivalente a todo el producto interior bruto del país. Desde hace casi dos semanas, Grecia sufre una amplia protesta de los agricultores, que mantienen bloqueadas las autopistas y pasos fronterizos con Bulgaria. El Gobierno se encuentra entre la espada y la pared.

"Lo que estamos viendo en Grecia no está lejos desgraciadamente de lo que puede ocurrir en Francia", ha advertido el ex primer ministro socialista francés Laurent Fabius. En Francia y en cualquier otro país. El drama de la crisis griega es que no es un asunto coyuntural, sino que afecta a la estructura productiva y desigual distribución de la riqueza. Las protestas son un toque de alarma para toda Europa.

En Europa central y del este, el peligro de revueltas es potencialmente mayor. En Letonia, una manifestación con más de 10.000 personas -una de las más concurridas desde finales de los años ochenta- desembocó en fuertes disturbios en el centro de Riga. Ese día, una protesta de 7.000 personas en Lituania acabó también con cargas policiales. Hubo 20 heridos. Manifestaciones más pequeñas han surgido también en Bulgaria, República Checa y Hungría. "No hay un perfil homogéneo de los que protestan, aunque les une su negativa a ser politizados", dice Vessela Tcherneva, analista del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores en la oficina de Sofía. "En Bulgaria, por ejemplo, los ciudadanos no tienen confianza en los políticos y la situación es muy tensa", añade.

En muchos de estos países, que siguen luchando por combatir sus elevados déficit públicos y sus abultadas deudas externas, no hay gran margen para elevar el gasto o las inversiones y contrarrestar los efectos de la crisis. En estas circunstancias, algunos Gobiernos toman medidas impopulares, lo que genera más malestar entre los ciudadanos.

Además, se trata de Gobiernos más débiles e inestables en jóvenes democracias que surgieron tras la caída del comunismo. Y en algunos, como Rumania y Bulgaria, está muy presente la corrupción. "Estos países son más vulnerables, porque están menos desarrollados que los más occidentales. En general, tienen menos confianza en la capacidad de las élites políticas para resolver las crisis. Sus economías dependen fuertemente de la inversión extranjera, que está desplomándose", explica Jiri Pehe, director de la Universidad de Nueva York en Praga.

Incluso en países como República Checa, que parece sortear mejor que sus vecinos la crisis, puede haber cambios. "La situación política es muy inestable y el Gobierno checo es bastante débil. En caso de una gran crisis, probablemente se convocarían elecciones anticipadas", afirma Petr Drulak, director del Instituto de Relaciones Internacionales de Praga.

En Letonia, la situación parece al límite. El índice de aprobación del Gobierno es del 10%, el peor de la UE y de la historia poscomunista de la república ex soviética. De momento aguanta, pero la incertidumbre política se extiende por Europa central y del este. Los recién elegidos equipos de Gobierno de Rumania y Lituania puede que se salven, pero el Ejecutivo húngaro se enfrenta a unos comicios generales en 2010.

"Hungría no ha tenido el fuerte crecimiento de otros países de la zona y arrastra un elevado déficit público; el Gobierno es muy impopular, pero no creo que las protestas vayan a más", afirma Sandor Richter, experto del Instituto de Estudios Económicos Internacionales de Viena. Desde la capital búlgara, Vessela Tcherneva añade: "No creo que haya un cambio de Gobierno, porque la gente piensa que da igual".

Puntos calientes

- Francia. Cientos de miles de manifestantes salieron a la calle la semana pasada para protestar contra la gestión del Gobierno de la crisis. Hubo una huelga general.

- Reino Unido. Protestas de miles de trabajadores de refinerías del país para exigir que no se emplee mano de obra extranjera.

- Grecia. Tras los fuertes disturbios registrados en diciembre, los agricultores realizaron en enero cortes de carreteras contra la bajada de precios de sus productos.

- Bulgaria. Manifestaciones el mes pasado para pedir al Gobierno reformas económicas y sociales. A principios de enero también hubo disturbios durante unas protestas contra la corrupción.

- Letonia. Manifestación a la que asistieron 10.000 personas el 16 de enero contra la política económica del Gobierno (prevé recortes de salarios), una de las mayores movilizaciones en 20 años. La jornada acabó con violentos disturbios.

- Lituania. También el 16 de enero, la policía se enfrentó a un grupo de manifestantes que lanzó piedras contra el Parlamento para protestar por la decisión del Gobierno de recortar el gasto social. Hubo 20 heridos y 80 detenidos, según la policía.

Fuente: elpais.com

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