Sunday, February 8, 2009

Más pretensiones que acierto

Bertrand Tavernier falla con su homenaje al cine negro en 'In the electric mist'

El actor John Goodman y el director Bertrand Tavernier- AFP

Después de haber transitado con personalidad, sentimiento y autoría por géneros variados, con aciertos plenos y escasas equivocaciones a lo largo de una carrera prolífica, ese director francés con talento y humanidad de primera clase llamado Bertrand Tavernier realiza en Estados Unidos cine negro y con toda la pinta de ser un sueño largamente aplazado. Se titula In the electric mist y está ambientada en Luisiana, entre pantanos y blues, escenarios que evocan viejos fantasmas y atmósfera enfermiza, leyendas relacionadas con los sueños y violencia ancestral.

El protagonista es un policía y antiguo militar al que el horror cotidiano le sigue atormentando, alcohólico en secano pero con tentaciones permanentes debido a la tensión de su nada complaciente profesionalidad, refugiado de sus demonios en una familia estable, implacablemente convencido de que el combate entre el bien y el mal es real, con empatía y comprensión hacia los perdedores que sobreviven en las sombras, con la misión de desentrañar asesinatos en serie de putas muy jóvenes.

Resulta transparente que Tavernier está enamorado del cine negro estadounidense de toda la vida y que ha pretendido homenajearlo aportando un estilo original, pero su encomiable apuesta le ha salido ligeramente impostada, recurriendo a prestigiosos clichés, sin auténtica tensión, con un cuidado notable en los diálogos y en la descripción de personajes, buscando abusivamente un lirismo forzado en la voz en off del protagonista describiéndonos su mundo interior, sus miedos, sus recuerdos lacerantes, su incertidumbre y su desolación sobre el estado de las cosas.

Tavernier se cubre las espaldas y consigue la mejor baza en su irregular intriga confiando en la presencia hipnótica de Tommy Lee Jones, ese rostro machacado y capaz de expresar sentimientos intensos con admirable economía de gestos. Es muy difícil desatenderte de lo que ocurre en la pantalla cuando la ocupa permanentemente un actor de sus dimensiones. Pero la intriga revela a veces la sensación de quiero y no puedo, el desenlace es débil, es una película que no te deja perdurable huella. Y entiendes lo que Tavernier ha pretendido hacer aunque el resultado no sea óptimo. Y lamentas profundamente que la inmersión de un director europeo en una cultura que le fascina, y sobre la que coescribió inmejorablemente junto a Jean-Pierre Coursodon en el indispensable libro 50 años de cine norteamericano, no haya estado a la altura de las expectativas. In the electric mist se deja ver y oír, pero su negrura resulta levemente impostada, revela que el penetrante y abundante conocimiento de las claves de un género grandioso no garantiza que te salga una película redonda al cambiar la teoría por la práctica.

Storm la dirije el alemán Hans-Christian Schmit y supone un incómodo testimonio sobre los trapicheos políticos que impiden que se aplique la justicia sobre los viejos crímenes de guerra. Comienza con la captura en España de un militar serbio que organizó la sistemática violación y asesinato de mujeres durante la guerra de los Balcanes. La investigación sobre ese espanto de una abogada de la Corte Penal de La Haya y su tenaz empeño para que una de aquellas víctimas se atreva a revivir en el juicio la intolerable barbarie que padeció, está contada con suspense y progresión dramática.

La iraní About Elly también habla de una mujer acosada. En este caso el acorralamiento y la tortura no son físicos sino morales. La amenaza la encarna un machismo invulnerable e histórico que le niega a las mujeres la mínima tentación de heterodoxia, desvío y libertad en sus relaciones con los hombres. Hay países en los que siguen lapidando a las adúlteras. Y como siempre, en nombre de algún dios al que nadie ha visto el careto.

Fuente: elpais.com

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