Saturday, March 7, 2009

Gandhi: el drama en la subasta

Parecía que el ambiente caótico de las calles indias se instalaba en Manhattan. Los camarógrafos tropezaban y se empujaban entre ellos.

Empresarios acaudalados del subcontinente indio integraban la multitud, y literalmente los apostadores que trataban de trabajar fueron desplazados a una esquina.

Después de días de creciente irritación, con el consiguiente aumento del interés en la puja por un lote de pertenencia del Mahatma Gandhi, la subasta iba finalmente a tener lugar.

Cuando las cámaras de televisión se desplazaron hacia el californiano James Otis, el dueño de las reliquias quien se reconoce como pacifista y admirador de Gandhi, dijo que ya estaba harto de la controversia.

Tesoros nacionales

Durante varios días, el gobierno indio intentó impedir la realización de la subasta. Otis, por un momento, cambió de idea, y declaró a los reporteros que retiraría de la venta los objetos personales del líder independentista.

"Nunca quise crear controversia. Oro para que haya un resultado positivo y sea el que Gandhi aprobaría", expresó.

Nueva Delhi mostró muy claramente su ira, como también lo hizo la gente en la calle, desde que Otis sacó a subasta las posesiones de Gandhi.

Estas incluían sus famosas gafas, sus sandalias de cuero, un reloj de bolsillo y un cuenco y un plato de metal en el que el héroe indio comió su última cena antes de que lo asesinaran en 1948.

Pero en la casa de subastas reinaba la confusión sobre si finalmente la puja iba a tener lugar o no.

Algunos de los hombres más ricos de la India, y sus representantes, se mantenían a la espera entrando y saliendo del bastante pequeño salón dispuesto por la casa de subastas y en el que los subastadores tenían que luchar contra la multitud de periodistas y camarógrafos para hacerse escuchar.

Puja febril

El anuncio llegó de repente. Habría subasta de los objetos de Gandhi: el lote 364.

"Abro la subasta con US$20.000. Se ofrece US$30.000", dijo el subastador.

Ese era el estimado inicial del costo del lote. Pero sólo estábamos en el comienzo.

En pocos segundos, los números aumentaban. US$100.000, US$200.000. La concurrencia parecía más calmada.

Las apuestas fluían por varias vías: el teléfono, internet, en persona, mediante emisarios. Alguien, cuya identidad desconocíamos, hizo una apuesta desde el Reino Unido.

"US$600.000..." y el martillo se suspendió en el aire.

A Gandhi, un hombre que rechazó el materialismo, esa oferta le parecería desmesurada.

¿Crisis?

Como el precio, el interés en la subasta se catapultó en los últimos días en la medida en que Nueva Delhi envió a sus diplomáticos a intentar detener la venta.

El lugar de las posesiones de Gandhi está en la India. Esa era la premisa fundamental de las autoridades.

Toda la cobertura mediática que la subasta tuvo creó, como me dijo un potencial comprador, "una gran confusión" sobre el posible costo y las opciones de regateo.

"Vendido. Por US$1,8 millones". Al final el martillo selló la venta.

¿Recesión? ¿Qué recesión?

¿Y quién era el comprador?

Se desconocía, inicialmente, la identidad del nuevo dueño de las reliquias del Padre de la Nación india.

De vuelta a casa

El comprador fue uno de los hombres más ricos del subcontinente indio. El presidente de la cervecería United Breweries, Vijay Mallya, se mantuvo todo el tiempo al teléfono con su representante en la subasta, Toni Bedi, un hombre elegantemente vestido, con un inmaculado turbante blanco, y sentado en las posiciones delanteras del salón.

¿Valió la pena pagar US$1,8 millones por el lote?, le pregunté.

"Absolutamente. Valió la pena pagar ese precio. Si uno observa la herencia de Mahatma Gandhi y lo que enseñó Mahatma Gandhi valió la pena".

- ¿Y ahora qué pasará con las reliquias?

- Probablemente vayan a la India.

- ¿Se expondrán al público?

- No lo sé. El doctor Mallya decidirá.

Fuente: bbcmundo.om

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